Entradas de la Categoría ‘Obviedades’
El Aviso Oportuno
Algo que me ha funcionado bastante bien a lo largo de mi experiencia es informar al cliente oportunamente del status de su proyecto.
La onda va más o menos así:
Tu acuerdas un plazo / tiempo / hora para una entrega y/o cita.
Si por algún motivo estás retrasado, (el tráfico, – en el DF siempre es el “tráfico“–, la pérfida inspiración fugitiva, el dólar saltarín o todas las anteriores) avisa con tiempo.
Si quedaste en entregar algo el viernes a las 12, y no lo vas a lograr, avisa el jueves en la tarde o el viernes a primera hora.
La mayoría de la gente (a excepción de uno que otro neurótico anónimo por ahí) es accesible y puede otorgar una prórroga, mientras sea informada oportunamente.
No te pases de rosca y le avises al cinco para las doce cuando el tipo esta apachurrando el botón recibir correo.
Dirán por ahí que uno no puede proyectar los imprevistos, pero… la neta sí hay un punto de quiebre donde te das cuenta que no vas a poder cumplir a tiempo.
Respecto a las citas, de nuevo, si vas retrasado, avísale unos 20 o 30 minutos antes… no es que vayas a resolver el asunto, pero sí es una gentileza, y a las personas gentiles se les quiere y tienen buen karma.
Lo ideal sería siempre poder cumplir en forma, pero… life is a bitch y si la vida fuera ideal yo no tendría que equivocarme tanto para que ustedes aprendan algo.
Así que ya saben, avisen… a tiempo.
Nunca des nada por hecho
Sí claro, es tan obvio, que por obvio no se dice.
Pero… nunca des nada por hecho.
El día de hoy aquí en la chamba hicimos una presentación para el director general. Ayer me fuí de aquí a las 12 (mártir de mí) y hoy estuvimos trabajando otro rato en ella. Llegó la hora de imprimir, y se mandaron a hacer 10 juegos de impresiones a colores desde el archivo del PDF.
Priscila – aka la asis del direc – llegó triunfante a enseñarle sus 10 engargolados y que abejita si trabaja.
Ooohh sorpresa! Sólo vimos engargolados voladores por toda la oficina, pues por razones más allá de mi comprensión, los títulos de la mitad de la presentación salieron en caracteres cirílicos / celtas / bielorrusos. Osea, no se leía ni madres.
Primera posibilidad: La máquina no tenía esa fuente! (torpe de mí! torpe! torpe… correspondiente autocastigo)
Pero… ¿si no tenía la fuente, porqué todos los demás títulos están bien? además, si es un PDF, que rayos me importa la fuente, que para eso es ¿no?
Segunda posibilidad: En un ataque de amnesia,cambié los títulos para practicar mi cirílico. (Deja las drogas)
Tercera posibilidad: Obviamente, cuando hay prisa y es importante, alguna de las cuarentaycuatromillones setecientasmilcatorcepuntocinco variables de lo que puede salir mal, salió mal, y así nomas, por las bolas de la impresora. (Revisamos el archivo en el servidor de impresión y …magia, se veía perfecto) – levantar autocastigo -
Entonces, todo este chorizo comico – trágico – musical es para decir: No des nada por sentado.
Si hubiéramos (ahhh hubiéramos…) revisado EL PRIMER juego impreso, nos hubiéramos (ahh hubiéramos…) dado cuenta del error y nos hubiéramos (ahhh hubiéramos…) ahorrado la gritiza, el oso, los juegos desperdiciados y y y… guaaaaaaaaa.
Bueno, si no hubiera pasado, no estaría este post.
Moraleja, no des nada por sentado. (por cuarta vez!)
Cómo hacer presentaciones en público y no hacer el oso… como yo
Ayer presenté ante el respetable el proyecto de Bomberazo.
Haciendo gala y re hartísimo honor a la marca, aterricé como ardilla voladora en mi presentación y cometí varios errores, por lo que el día de hoy escribo las posibles soluciones.
1. Pon a punto tu presentación antes de comenzar.
Llegué muy oronda para comenzar a hablar, sin embargo, - como mi computadora fue la que se usó para mostrar la mayoría de las presentaciones – y no revisé que todo estuviera listo (y no lo estuvo), me sacó de balance y me puse muy nerviosa. Entonces, empecé desprevenida la presentación.
Solución: Si te pasa eso, simplemente dí al público: “Voy a revisar que todo esté en orden, por favor, denme 1 minuto”. Así, revisas con calma, te ordenas y comienzas con mucha seguridad.
2. Haz una sola cosa a la vez
Al tratar de arreglar la computadora y comenzar a dar la presentación al mismo tiempo, me puse más nerviosa. Resultado, ni hablé bien, ni puse la presentación en su lugar.
Solución: Haz una sola cosa a la vez. Si vas a arreglar algo, arréglalo y luego comienzas a hablar.
3. Poco texto, letras grandes
La primera parte de mi presentación fue con hartos monitos, así que el público estaba re entretenido. La segunda, tuve el poco cuidado de dejar textos muy grandes y letra pequeña. (Por-el-amor-de-dios!) Al final, mis asesores presidenciales mencionaron que algunos estaban medio cegatones, así que yo creo que se imaginaron la mitad del contenido. Rayos!
Solución: Tómate el tiempo de hacerlo breve y con letra graaaaaande.
4. Anota en una tarjeta los puntos indispensables de tu presentación.
Entre el choro, los …”esteee, esteee”… y la risa nerviosa, puedes olvidar decir las cosas indispensables.
Yo por salir como speedy gonzalez, me di cuenta después que no hice sesión de preguntas y respuestas. Boooo!
Solución: Anota en una tarjeta los puntos claves, y como acordeón, vete guiando para abarcar todo lo que quieres decir.
5. Pon al alcance de todos tus datos de contacto.
De nuevo, el efecto Gonzalez hizo que pusiera mis datos de contacto 30 segs. y dijera, bueno… bye!
Solución: Como última lámina, deja tus datos de contacto, para que estén disponibles para el público el mayor tiempo posible.
Y bueno, por el momento, son de los que me acuerdo. (¿Algo más?)
En el siguiente post, la reseña de la 5a. Sesión de Café de Altura
Pd. Público asistente… tengan piedad de mí!